Carta de despedida del Presidente de la Auditoría General de la Nación

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    Carta de despedida del Presidente de la Auditoría General de la Nación

Finalmente todo se acaba, todo llega a su fin, nada es para siempre. Todo lo que imaginamos en nuestra mente se concreta parcialmente en los hechos, ya sea porque imaginamos cosas imposibles o porque la realidad camina por otros senderos.

No puedo decir que la tarea esté acabada, quedaron tantas cosas por hacer que pensaba se podrían concretar, pero solo se cuentan los goles que se hacen y que son fruto de un gran equipo, además hay que computar en los resultados que la máquina de impedir funciona y es poderosa.

Existimos en un espacio tiempo, tomamos decisiones, discutimos, acertamos, nos equivocamos, avanzamos, retrocedemos, empezamos de nuevo. Mirando hacia atrás se pueden valorar los logros, pero mirando hacia adelante cuantificamos lo que falta por hacer.

El mundo cambia a un ritmo vertiginoso, cambios que impactan en todas las organizaciones que ha creado el hombre. La nuestra no es ajena al proceso de mutaciones continuas. El tren de la historia viaja a alta velocidad, si lo perdemos no sabemos cuál es y si habrá un próximo turno.

La AGN es como una casa en obras que además de las tareas de mantenimiento, requiere reformas estructurales profundas, tanto en la organización, el funcionamiento y en lo institucional.

Algunas de las reformas han comenzado, otras no están aún diseñadas y algunas son incomprensiblemente resistidas. La región está adoptando el control concurrente, que no entorpece la gestión del gobierno, ni llega tarde como el control posterior. Algunas EFS están haciendo auditorías usando inteligencia artificial con resultados asombrosos.

La supervivencia de los organismos de control está ligada a ser un servicio útil para los ciudadanos, la reforma del Estado llegará, más temprano que tarde, será entonces el momento de rendir exámenes.

No está en mi ánimo, ni tengo la soberbia de creer que puedo marcar un camino, en el mejor de los casos puedo contar la experiencia de lo vivido y alertar sobre las piedras con las que tropezamos en la ruta.

La civilización del papel está llegando a su fin, la gestión del Estado estará registrada en nubes informáticas, las auditorías deberán hacerse en ese ámbito, quien no se prepare para enfrentar los retos tecnológicos, puede quedar payando como Santos Vega derrotado por El Progreso.

Nadie es imprescindible, el mundo continúa sin nosotros, el ego suele jugarnos malas pasadas y hacernos creer que nuestra presencia no puede ser reemplazada, error que está en el fundamento de todos los dictadores que se aferran al poder a cualquier precio.

Largos años de una intensa vida política, las marcas que acumula la biología, acotan mis expectativas a la convivencia familiar y a la aceptación de la voluntad del Dios de todos los seres de la naturaleza.

Desandando el camino recorrido quedan los afectos acumulados en familiares, amigos, compañeros, equipo de trabajo, que en estos años fueron el soporte vital de la gestión. Los malos momentos que nos lastiman, se destiñen con el paso del tiempo.

En política se suele decir que el olvido es peor que la muerte, ninguna de las dos cosas me preocupan demasiado, para el olvido creo estar preparado, porque lo padecí varias veces en mi vida y la muerte es inevitable y llega sin avisar.

Mientras tanto aspiro a disfrutar el olor a pasto recién cortado, el canto de los pájaros, el perfume de las flores, la brisa en el rostro y el vuelo de una bola en la cancha de golf que es el éxtasis , el camino de la iluminación, el estar aquí y ahora, es la vida plena.

Trasladado al mundo de relaciones que construimos, es vivir en paz, sin odios que nos corroen por dentro, perdonar y perdonarnos, al fin al cabo, nuestra existencia, con sus pasiones, esfuerzos, disputa de poderes, son insignificancias en los espacios infinitos.

Una nueva etapa comienza en la historia de las instituciones del país, el renovado proceso de otro cambio democrático siempre trae nuevas esperanzas y el deseo que al nuevo gobierno lo corone el éxito y a los argentinos nos permita superar años de crisis y frustraciones.

Hasta siempre, con afecto, Oscar Lamberto